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Comer la fruta en ayunas

La fruta es excelente para su salud, con una sola condición: que no se mezcle con nada más.

Va le he explicado que si la fruta -por regla general, acida- se mezcla con el almidón (pan, arroz, patata, etcétera) o incluso con la carne, provoca senos trastornos digestivos.

Sin embargo, que uno padezca trastornos digestivos no significa que sea consciente de ello. Algunas personas poseen una sensibilidad muy grande y advierten, sin lugar a dudas, cuando una cosa les está contraindicada, porque las manifestaciones exteriores se presentan con violencia (colitis, crisis- hepáticas, diarrea).

En cambio, en la mayor parte de los individuos la manifestación negativa no se revela de inmediato a través de síntomas insoportables, porque el organismo tiene una buena resistencia y establece medios de compensación.

No obstante, eso no quiere decir que no se produzca un efecto negativo en alguna parte. El daño se hace en profundidad y un día emergerá bajo la forma de un síntoma concreto.

Algunas personas experimentan insoportables efectos de hinchazón cuando comen fruta después de las comidas. Como es natural, unas manifestaciones tan evidentes las llevaran a suprimir por si mismas dicha práctica. Si no ha sido ése su coso, no hay razón para que rompa
con un hábito alimentario que cree bien fundado.

Sin embargo, si hoy tiene barriga, sepa que una de las causas probables de esta hinchazón anormal es el uso que tace de las frutas después de las comida. Como le he explicado en el capítulo sobre la digestión, la metabolización de la fruta es muy rápida, lo cual quiere decir que es digerida en pocos instantes.

Así pues, tras ser ingerida, la fruía permanece un lapso en tiempo muy corto en el intestino delgado, donde se produce su asimilación. Es allí, sobre todo, donde se transmiten al organismo las vitaminas que contiene.

Como comprenderá usted, si come una fruta al final de la comida, su metabolización se detiene, ya que en cierto modo se verá obligada a hacer cola para llegar a su última napa en el intestino delgado.

El problema estriba en que la fruta es impaciente por naturaleza, no puede aceptar con tranquilidad el verse aprisionada en un embotellamiento digestivo. Y en lugar ir esperar su tumo por las buenas se dedica a ejercer de agitadora y a provocar un gran alboroto.

En primer lugar empieza por afectar, incluso destruir, el medio enzimático necesario y a menudo indispensable para una buena digestión (es decir, una buena progresión en el circuito digestivo) de los alimentos que se hallan en gestación provisional en el estómago. Se sabe que la acidez de la fruta destruye la tialina, una enzima indispensable para metabolizar los almidones. También se sabe que
actúa sobre los jugos digestivos y afecta la producción de
pepsina, una enzima indispensable a su vez para metabolirar la carne.

De modo que todo el contenido del estómago se encuentra de pronto completamente perturbado por la llegada intempestiva de la fruta. Y este trastorno se traduce en una disminución general del proceso digestivo, cuyos efectos son los siguientes:

  • los almidones y las carnes no se digieren lo suficiente en el estómago. Por lo tanto, su transformación química este estadio es asimismo insuficiente y contribuye a perturbar la continuación del proceso digestivo.
  • la fruta que, por naturaleza, debe atravesar el estómago muy deprisa, queda prisionera de él debido a la presencia de otros alimentos de progresión digestiva lenta.
  • Y en esta atmósfera húmeda y cálida, la fruía se metamorfosea. Entre oirás cosas, empieza a fermentar, ya que contiene fructosa y esta se transforma rápidamente en alcohol.

Se citan casos de grandes consumidores de fruta que fueron víctimas de cirrosis, cuando nunca en su vida habían bebido ni una gota de alcohol. Ahora comprenden por qué.

Pero, de hecho, las mayores dificultades se producen en el intestino delgado. Porque la «mercancía» que ha entregado el estómago no se ajusta a las obligaciones adquiridas, y con razón. El almidón o la carne no se ha digerido lo suficiente en el estómago, y la fruta, que ha sufrido una metamorfosis total debido a la fermentación, ha perdido
todas sus vitaminas.

El intestino delgado, al recibir todas estas mercancías improcedentes, pierde un poco la cabera.

Primero intenta esforzarse al máximo y reparar los estragos. Para ello, le tienta la idea de poner en marcha procedimientos excepcionales de metabolización, que presentan el inconveniente de retrasar otra vez el proceso digestivo.

A su vez el almidón, que se ha convertido en glucosa, empieza a fermentar, lo cual altera el conjunto de la digestión.

El intestino delgado, perturbado, se irrita y se hincha.

Y la repetición demasiado frecuente de estas anomalía hace que el abdomen de las mujeres, dada su sensibilidad, se manifieste progresivamente como prominencia.

Como hemos visto en el capítulo sobre la digestión, los trastornos del proceso digestivo acarrean un trabajo anormal del intestino grueso, ya que los residuos que se envían no se han digerido por completo. Así que también el intestino grueso debe poner en marcha procedimientos excepcionales con el objetivo primordial de destruir residuos aliméntanos por fermentación y putrefacción
según su naturaleza.

Recurrir demasiado a menudo, incluso permanentemente, a estos procedimientos digestivos excepcional conduce a una perturbación constante del intestino grueso, cuyo funcionamiento se ve continuamente desestabilizado con relación a la norma. Sin ir más lejos, esto es causa de úlceras, colitis, gastritis, estreñimiento, celulitis y cáncer de colon. Una de las manifestaciones más evidentes de estos trastornos es, en todo caso, el aumento de volumen del abdomen por hinchazón permanente.

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Recupere un vientre liso

Si su vientre está hinchado, si siempre tiene barriga, practique las siguientes reglas:

  • comer la fruta sólo en ayunas;
  • no mezclar nunca proteínas lípidos con glúcidos;
  • no turnar nunca bebidas gaseosas {cerveza, agua mineral con gas. refrescos con gas, etcétera);
  • hacer un poco de gimnasia abdominal para recobrar cierto tono muscular (1/4 de hora todas las mañanas);
  • suprimir el estreñimiento comiendo pan integral, salvado y muchas fibras alimentarias;
  • por último, hacer relajación (sofrologia).

Algunas hinchazones, como la aerofagia, son de origen nervioso, pero no exclusivamente.

La relajación le ayudará a recobrar su vientre liso, pero nunca será suficiente por si sola para superar las mezclas alimentarias contra natura que ha practicado hasta ahora.

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¡CUIDADO CON LOS JUGOS DE FRUTAS!

Los verdaderos especialistas en nutrición ponen siempre mala cara cuando se les habla de jugos de frutas. Porque, paradójicamente, creen que el jugo no es una bebida natural.

Se come fruta porque se cree que contiene excelentes substancias nutritivas, indispensables para nuestra salud. Y por regla general se citan las vitaminas y las sales minerales.

Algunas personas tienen la convicción de que al beber una concentración de fruta, bajo la forma de jugo absorben mayor cantidad de vitaminas.

Por desgracia, no es del todo cierto, ya que La mayo na de las vitaminas que son componentes de la fruta quedan destruidas en el jugo. En efecto, su supervivencia fuera de su medio natural, la fruta, es extremadamente efímera.

Por otro lado, la mayor parte de la substancia vital de la fruta se queda en la pulpa, que es lo que se tira tras la extracción del líquido.

Por último, el jugo, al ser separado de la pulpa, adquiere muy deprisa un grado de acidez muy elevado que nos vemos obligados a endulzar añadiéndole azúcar.

Así que, a riesgo de sorprenderle, voy a desaconsejarle que beba jugos de frutas, incluso hecho por usted misma.

Porque el jugo, además de actuar sobre los otros alimentos como la propia fruta cuando se ingiere durante la comida, irrita las vías digestivas por su excesiva acidez. Una acidez que destruye otras vitaminas, como lo haría el vinagre. En todo caso, evite tomar más jugo del que tomaría si hubiera consumido las frutas correspondientes, añádale un poco de agua y un edulcorante sintético para endulzarlo.

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¿Cómo comer la fruta?

Como la fruta no puede combinarse con ningún otro alimento sin perturbar todo el proceso digestivo, hay que comerla sola y sobre todo en ayunas, como ya les había mencionado.

En lugar de comer la fruta después de la comida, habría que comerla antes. Lo ideal sería, al menos, una hora larga antes. Pero hay que vigilar sobre todo que la última comida se haya digerido por completo, es decir, que hayan transcurrido alrededor de tres horas desde la comida o la cena.

De modo que a lo largo del día hay tres momentos en los que se puede comer fruta:

– al despenarse por la mañana, al menos media hora antes del desayuno:

– a media tarde (17/18 horas), es decir, al menos tres horas después de la comida.

– por la noche antes de acostarse, a condición de que se respete más o menos el plazo de tres horas después de la cena.

Le recuerdo que vale más evitar comer cítricos (naranjas, pomelos, mandarínas) antes de acostarse, ya que la vitamina C que contienen puede perturbar el sueño. Así que están plenamente indicados al despertarse por la mañana o a media tarde, para espabilarse un poco.