El niño cansado - El niño cansado

El niño cansado

El exceso de malos glúcidos en el desayuno favorecía la aparición, hacia las once, de la hipoglicemia, con la consiguiente somnolencia, falta de concentración, bostezos, apatía o agresividad, signos que los
maestros suelen observar con más frecuencia durante las últimas horas de la mañana.

Este fenómeno corre el nesgo de repetirse luego si, durante el almuerzo, el niño abusa de las patatas, el pan blanco y las bebidas azucaradas.

La merienda, a base de azúcares asociadas a grasas (pan con chocolate, croissant) complica aún más el cuadro.

Luego, el niño llega a casa y se instala demasiado a menudo frente a la tele, que es una fuente demostrada de glotonería e incita a estos espíritus jóvenes, maleables, de escasas defensas críticas, a consumir golosinas o galletas. El gimnasio es bastante más beneficioso que el “deporte de salón”.

La ausencia de di versificación alimentaria precoz ha contribuido con frecuencia a provocar en el niño un rechazo de las fibras (fruta, verduras, leguminosas), tan ricas, por otra parte, en vitaminas, sales minerales y oligoelementos.

Todas estas carencias refuerzan aún más la tendencia a
la astenia.