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Los zumos de fruta

No me extenderé demasiado sobre los problemas de estas bebidas. Para los zumos valen las consideraciones generales ya escritas sobre la fruta. Son glúcido y hay que tratarlos como tales.

Sin embargo, le recomiendo preferir la fruta al zumo de fruta, pues de este modo se beneficiará con las fibras que contiene la pulpa. Es obvio que los zumos que usted mismo se prepare con frutas frescas están aceptados. Pero no consuma jamás los pseudónimos de venta en los comercios, en general demasiado ácidos y completamente desprovistos de vitaminas, y en su mayor parte azucarados
de nuevo con sacarosa.

leche 180x180 - La leche

La leche

La leche es un alimento glúcido-lipidico, es decir, contiene tanto grasas como azúcares. Es mejor evitarla y no tomar más que leche descremada.

Los glúcidos se encuentran en el suero de la leche. Los pierde cuando se fabrica el pueso, que sólo conserva los lípidos y los prótidos (salvo el cantal y los quesos de cabra). En el queso con cero por ciento de materia grasa quedan únicamente los prótidos y un poco de glúcidos (5 g de cada 100).

La Fruta 180x180 - La Fruta

La Fruta

Un símbolo de vida, de abundancia, de salud. Es en primer lugar una fuente de vitaminas, o al menos eso es lo que se piensa. Lo tranquilizo de entrada: no suprimiremos la fruta. Pero tendrá que comerla de otra manera si quiere sacar provecho de ella sin tener que sufrir sus inconvenientes (meteorismo).

Las frutas contienen glúcidos (glucosa, sacarosa y, sobre todo, fructosa) pero también fibras que reducen el índice glicémico y limitan la absorción de estos azúcares.

La manzana y la pera son particularmente ricas en peetina (fibra soluble), lo cual permite frenar el aumento de la glicemia.

La energía de la fruta es muy susceptible de ser utilizada rápidamente por el músculo y, por tanto, poco dada a almacenarse o a favorecer la acumulación de grasas de reserva.

Cuando se consume fruta con lípidos-prótidos, por ejemplo, carnes o queso, se bloquea durante cierto tiempo en el estómago, cuando lo conveniente es que pase rápidamente al intestino y allí sea normalmente digerida. Pero la carne tiene la propiedad de permanecer algún tiempo en el estómago, donde sufre la fase más importante de su digestión en compañía de las enzimas adecuadas.

Es decir, la fruta quedará prisionera en el estómago donde, por efecto del calor y la humedad, será objeto de una fermentación, incluso con producción de alcohol. Ese proceso significa que toda la digestión se verá perturbada.

La fruta perderá sus propiedades (vitaminas) y, como las desgracias no vienen nunca solas, también el metabolismo de los prótidos se verá afectado; de ahí el meteorismo, producto de la putrefacción anormal.

Así pues, espeto que quede claro: la fruta debe ser consumida sola. Esta es una regla que debería enseñarse en la escuela. Nuestros hijos tendrían menos problemas gástricos,

aunque un organismo joven tiene recursos para reaccionar. En un adulto, y con mayor razón en una persona de edad, la fruía al final de las comidas es un verdadero veneno.

Pero entonces ¿cómo comerla?

Cada vez que se está en ayunas. Por ejemplo, por la mañana, antes del desayuno. Aunque habrá que esperar unos 20 minutos antes de comenzar el desayuno, que será entonces mayormente protoglucídito (pan integral, cereales, lácteos descremados).

En electo, es mejor no comer lípidos después de la fruta. La poca insulina secretada por la fruta podría almacenar las grasas del jamón, los huevos, el bacon o el queso de un desayuno protolipídíco salado.

También podrá comer fruta antes de acostarse, a última hora de la noche. Es decir, al menos dos o tres horas después de la cena.

A los que tengan problemas de insomnio (que por lo demás debenan desaparecer si se sigue el método alimenta no expuesto en este libro) se les recomienda no comer naranjas al acostarse, ya que la vitamina estimula la vigilia.

También puede comerse una fruta a media tarde. Pero había que respetar un intervalo suficiente después del almuerzo (alrededor de tres horas) y estar aún lejos de la tena (al menos 3 horas).

Puesto que el limón es muy poco azucarado, se puede beber su zumo (sin añadir azúcar) a toda hora, así como utilizarlo para sazonar (ya sea el pescado o los aliños de ensalada).

Evite por lo general el melón al principio de las comidas, ya que podría causar una secreción de insulina que pronto atacaría los lípidos del plato principal.

Para terminar estos comentarios acerca de la fruta, una precisión suplementaria. Siempre que sea posible, coma la fruta sin pelar, la fruta contiene fibras, buenas para el tránsito intestinal. Pero es en la corteza de la fruta donde se halla la mayor cantidad de fibra (y a veces también de vitaminas).

Comer fruta sin pelar limita su poder glicémico. Adelgazará más (o engordará menos) si respeta esta regla.

Entre los alimentos peligrosos nos queda por hablar de las bebidas, la primera de las cuales es el alcohol.

Los alimentos peligrosos 180x180 - Los alimentos peligrosos

Los alimentos peligrosos

Por experiencia sé que, desde el punto de vista psicológico, no es bueno empezar por lo negativo. Durante mucho tiempo intenté insistir primero en lo que estaba permitido en vez de señalar lo que no lo estaba. Esto es, sin embargo, bastante fastidioso, porque la lisia de lo permitido es tan larga que es de nunca acabar, y como lo prohibido es mucho más corto y fundamental, prefiero referirme a ello en primer lugar.

El azúcar 180x180 - El azúcar

El azúcar

Es la campeona absoluta de los glúcidos malos.

El azúcar debería ir siempre acompañada del símbolo de la calavera entre dos huesos cruzados. Pues es un producto que puede resultar peligroso cuando el consumo es importante, y tal es el caso, por desgrana de la mayoría de nuestros contemporáneos, en particular de los niños.

Le he consagrado un capitulo completo porque es preciso que usted se convenza para siempre de su nefasto papel en la alimentación, y de las consecuencias que tiene su ingestión no sólo en cuanto a los kilos que le sobran sino, sobre todo, en cuanto a la fatiga (ver capítulo sobre la hipoglicemia), la diabetes, las enfermedades articulares, la gastritis, las úlceras, la caries dental y las enfermedades coronarias.

Tal vez piense usted que el azúcar es indispensable.
Pues no, no es indispensable. La prueba es que durante
millones de años el hombre no contó con ella, sin perjuicio alguno para su salud. Muy por el contrario.

El azúcar, hace menos de dos siglos era todavía un producto de lujo, poco accesible para la mayoría de la población. Hoy el azúcar produce tantos estragos como el alcohol y la droga juntos.

Pero entonces, usted se preguntara: si se suprime totalmente el azúcar. ¿cómo mantendremos la tasa mínima indispensable en la sangre?

¡Buena pregunta!

Sepa entonces que el organismo no tiene por qué depender de aportaciones externas de azúcar (que son las que perturban el nivel glicémico) ya que sabe producirla por sí mismo cuando la necesita: además, es ésta la forma de obtenerla más conveniente para él. La glucosa es, de hecho, el único carburante del organismo.

A medida que el organismo determina sus necesidades de azúcar, ésta es producida directamente a partir de las grasas de reseña. Sencillamente las grasas se transforman en glucosa.

De manera que ¡no consuma azúcar!

Elija: puede usted prescindirse ella -en cuyo caso lo felicito- o deberá reemplazarla por un edulcorante sintético.

 

Las Féculas1 180x180 - Las Féculas

Las Féculas

Las féculas son farináceas compuestas de almidón. En su mayoría se trata de malos glúcidos, algunos de los cuales deben suprimirse.

La patata

Las Féculas

Se descubrió que la patata era rica en vitaminas y en productos biológicos, pero que, cocida, perdía toda todas sus propiedades, sobre todo si se la pelaba.

Estudios recientes demuestran que la liberación de glucosa en el metabolismo de la patata es muy importante.

Los dietistas tradicionales clasifican generalmente la patata como “azúcar lenta”, lo cual es un error. En una escala de liberación de glucosa de 0 a 100 se ha podido demostrar que el índice de la patata es de 80. Es, pues, un glúcido malo, pese a la complejidad de su molécula de hidrato de carbono. Además, se ha comprobado que el tratamiento industrial de la patata (puré instantáneo)
aumenta  el índice glicémico a 95.

¡Por lo tanto, mire con olímpico desprecio las patatas humeantes del plato de su vecino!

Pero también son patatas las patatas fritas, y aquí creo que será usted mas reticente a la hora de abstenerse de ellas.

Las patatas fritas son. en sí mismas, un alimento glúcido-lipídico. Tal como, de algún modo, lo es el pan con mantequilla. Ni siquiera se las puede consumir solas, ya que el aceite hito que las impregna es un lípido de alto poder energético, almacenable para siempre como grasas de reserva.

¡El bistec con patatas fritas es por lo unto una aberración!

Aparte de su mente este símbolo de la peor alianza alimentaria. El lípido de la carne y el glúcido malo do la patata frita constituyen una unión contra natura.

Sé lo que cuesta abandonar este plato nacional francés y socorrido manjar internacional, pero es el precio que tiene que pagar para lograr su objetivo. Cuando lo alcance, no lo lamentará.

Tenga en cuenta además que ciertas frituras se hacen con grasas muy ricas en ácidos grasos saturados, lo cual aumenta el riesgo de trastornos cardiovasculares.

Sin embargo, una o dos veces por año me ocurre, no ya ceder ante un plato de patatas fritas, sino decidir deliberadamente comer patatas fritas (cuando no queda un gramo por perder se puede decidir lo que se quiera). Pero en esos casos no unas patatas fritas cualesquiera. Si se hace una pequeña desviación es mejor saborearía hasta las he-
ces y elegir la mejor calidad posible. Ahora, si quiere disminuir los riesgos al mínimo, coma patatas fritas con ensalada. Es una combinación excelente y las fibras de la ensalada permiten encañar hasta cierto punto el almidón y hacer de la mezcla un glúcido cuya liberación de glucosa es considerablemente escasa.

Por eso, cuando pida carne en el restaurante, tenga la precaución de preguntar lo que hay de acompañamiento.
Siempre le ofrecerán una alternativa u las patatas. Pida judías verdes, tomate, espinacas, berenjenas, apio, coliflor, calabacines… Y si por desgracia la guarnición solo se compone de malos glucidos. coma simplemente ensalada verde.

En su casa, cuando busque con qué acompañar la carne, tenga la misma precaución.

Las judías secas

judías secas

En razón de lo dicho acerca de las patatas, podría esperarse una dura condena de las judías secas. Pues no es así.
En la primera edición de este libro, yo no considere ni las
judías ni la manera más noble de cocinarlas: la fabada.

En efecto, he descubierto más tarde, con sorpresa y satisfacción, las virtudes de las judías secas. A partir de ahora, éstas deben ser clasificadas entre los buenos glúcido, dado el bajo índice glicémico de que dan muestra.

Son, por lo demás, ricas en fibras vegetales (particularmente solubles) y en sales minerales.

Se las puede consumir asimismo después de la Fase I, durante una comida protidoglucidica.

El arroz

arroz

Originalmente, el arroz, tal como lo consumen los pueblos asiáticos tradicionales, es en si un alimento completo que contiene lodos los elementos nutritivos indispensables para la conservación de la vida.

En cambio, el atroz blanco que se come habitualmente en Occidente está sumamente refinado. Y lo está en un grado tal que casi no le queda nada, salvo aquello de lo pie uno podría perfectamente prescindir el almidón.

Por consiguiente, el arroz ordinario (refinado) debe ser excluido por las mismas razones que la harina refinada: es un glúcido malo cuya liberación de glucosa es importante.

Por el contrario, el arroz integral y, mejor aún, el arroz salvaje de los indios norteamericanos, puede ser consumido con tal de que no se lo mezcle con lípidos (mantequilla o queso). Asociado con tomates (cocidos) y cebollas, puede constituir un plato familiar completo muy apreciado por todos.

Es sumamente raro encontrar arroz integral en un restaurante, lo cual no deja de ser una lástima. La culpa recae quizás en su aspecto gris-marrón.

El maíz

maíz

El maíz se cultiva desde hace siglos y. sin embargo, lo comemos sólo desde hace algunos decenios.

Cuarenta años atrás, era imposible conseguir una lata de maíz en Europa, pues era un alimento reservado a losanimales.

¿Cómo podemos entonces sorprendernos hoy de que el maíz tenga un índice glicémico elevado, lo que lo convierte en un mal glúcido, cuando sabemos que ha sido utilizado durante siglos para engordar al ganado? Más aún: es importante saber que el tratamiento industrial
del maíz incrementa de forma considerable el índice glicémico, lo que otorga a los copos u otros cum flakes un poder hiperglicemiante, dicho de otro modo: hiperengordante.

Contiene además una sustancia que destruye la vitamina PP. necesaria para el crecimiento y cuyo déficit entraña trastornos metabólicos y fatigas improprias.

Las pastas

pastas

Por naturaleza las pastas blancas son glúcidos malos,
confeccionadas casi siempre a partir de harinas refinadas,
a las cuales se les agregan lipidos: mantequilla, huevos,

queso, aceites, ele. Y pese a los famosos lemas publicitarios, mientras más “ricas” son, más glúcido-lipidos contienen, es decir, más contrarias son a nuestros principios.

Comprendo que pueda ser pesaroso suprimir las pastas blancas. Frescas y bien hechas son verdaderamente deliciosas.

Con todo, si le sirven por equivocación pastas frescas (pues las demás sólo merecen un profundo desdén), debe tener la voluntad de no tocarlas mientras se encuentre en la Fase I; es decir, en la pérdida de peso. Cuando se haya estabilizado, en la Fase II, pruébelas si está seguro de que la transgresión vale la pena.

En cuanto a las pastas integrales, o sea las elaboradas con harinas sin retinar, pueden formar parte de la alimentación normal desde la Fase I y con ocasión de una comida protidoglucidica.

Aderezadas con un coulis de tomate o con salsa de albahaca, constituyen toda una tena por si solas.

Las pastas integrales, en efecto, están encuadradas en la categoría de los buenos glúcidos debido a que su índice glicémico es sólo 45.

Sin embargo, hay que lamentar que este producto esté abusivamente incluido entre los alimentos dietéticos. De esta forma los comerciantes pueden venderlas a un precio dos o tres veces mayor que el de las pastas normales. Y esto es aún más escandaloso si se tiene en cuenta que su precio de coste es inferior, dado que la materia prima requiere un menor tratamiento industrial.

En los países nórdicos, y especialmente en Alemania, las pastas integrales se venden al mismo precio que las otras. Podemos esperar, por tanto, que la definitiva apertura de las fronteras europeas regularice satisfactoriamente esta situación.

Los demás glúcidos malos

Me he demorado adrede en los principales glúcidos malos, los que se consumen habitualmente, y a los que hay que renunciar, al menos por un tiempo. En cuanto a los demás, se trata, sobre todo, de alimentos

con un importante contenido de glúcidos, pero que en cambio carecen de proteínas v cuyas fibras son de mala calidad.

Son fundamentalmente estas dos características las que les confieren un elevado índice glicémico.

Hay que citar entre ellos las zanahoria y remolachas. También incorporaremos a esta lista los alimentos glucidolipídicos (galletas, bollos, pastelería) que han de evitarse en la Fase I.

A pesar de su índice glicémico bajo, el chocolate amargo y con mucho cacao debe consumirse muy excepcionalmente durante el adelgazamiento, pues constituye asimismo una mezcla glucidolipídica.

 

Pero existe una clase especial de glúcido a la que quiero referirme ahora: la fruta.