azúcar - ¿Se debe sustituir también el azúcar de los niños por edulcorantes?

¿Se debe sustituir también el azúcar de los niños por edulcorantes?

Si se aconseja al adulto que sustituya el azúcar por un edulcorante sintético, ¿por qué no hacerlo también con los niños? Es una buena pregunta.

Si el niño es realmente demasiado gordo pura su edad puede que, en efecto, resulte necesario.

En cambio, si el niño es de corpulencia normal, no hay ninguna razón para suprimir categóricamente los pocos terrones de azúcar que pone en su desayuno u la cucharada que le pone usted en su yogur.

En compensación, lo que puede hacer para limitar el consumo diario (y esta recomendación atañe al conjunto de la familia), es preparar los postres con edulcorantes.

Dicho esto, veamos ahora cómo pueden organizarse las cuatro comidas de sus hijos.

Las comidas

malos glúcidos

Al componer los menús de los niños se debe aspirar a los siguientes objetivos:

  • Evitar sobrecargar la alimentación de malos glúcidos a fin de no desestabilizar el metabolismo.
  • Evitar las mezclas alimentarias contra natura que debilitan el organismo y originan numerosos desarreglos de salud.

En materia de alimentación todo el mundo os dirá con la mayor convicción, porque eso muestra a priori que se tiene sentido común, que hay que preparar “comidas equilibradas”. Por ello se entiende generalmente comidas en las que figuren a la vez proteínas, glúcidos y lípidos.

¡Esta opinión es completamente falsa!
Es cierto que se deben comer proteínas, glúcidos y lípidos para absorber con seguridad todas las substancias que el organismo necesita. Y en particular en el caso de los niños, cuyo cuerpo está en formación.

En cambio, el error que se comete por regla general, incluido el cuerpo médico, es creer que este equilibrio alimentario ha de darse en una sola comida.

Cuando se habla de comida equilibrada debería mencionarse que dicho equilibrio debe hacerse sobre la base de varias comidas y no de una sola. En eso estriba toda la diferencia. Y eso es lo que se ha de saber y respetar esencialmente para evitar todos los trastornos del metabolismo que hemos evocado con amplitud desde el comienzo del libro.

En otras palabras, procure preparar para sus niños menús en los que dominen, o bien las proteínas lipídicas, o bien los glúcidos. Pero no intente combinar los dos por sistema en una sola comida; al contrario, evítelo.

El desayuno

El desayuno

Los anglosajones tienen razón cuando pretenden que el desayuno debe ser la comida más fuerte del día. Y esto es especialmente cierto en el caso de los niños. En cambio, se equivocan cuando quieren hacer una comida equilibrada compuesta a la vez de glúcidos (cereales) y de proteínas lipídicas (huevos, charcutería, carnes).

Recomiendo hacer del desayuno de los niños una comida en la que dominen los glúcidos. De modo que podemos encontrar mezclado en ella:

  • pan, preferentemente integral;
  • cereales (completos a ser posible, evite los que contienen arroz inflado, maíz, azúcar, miel o caramelo);
  • fruta (pero hay que empezar sin falla por ella);
  • mermelada de fruta;
  • lácteos (semidescremados).

En la medida en que los -buenos- glúcidos deben dominar decididamente en esta comida, es preferible que el niño consuma sólo leche descremada o semidescremada, así como grasas vegetales (margarinas en lugar de mantequilla).

Si el niño desea comer queso batido o yogur, estos tienen que ser sin falta de 0 de materias grasas.

Desaconsejo enérgicamente la miel o la jalea, ya que la concentración de azúcar (incluso natural como en la miel) es demasiado importante. El uso de la jalea ha de ser excepcional (las mermeladas de fruta sin azúcar, en cambio, son excelentes).

El almuerzo

El almuerzo

En la comida han de dominar más bien las proteínas o los lípidos. De modo que incluirá obligatoriamente carne o pescado.

Pero lo ideal sería evitar dar patatas, arroz o pastas con la carne y el pescado. Así que deberla escogerse un acompañamiento a base de verduras como las judías verdes, las zanahorias, el apio, la coliflor o los champiñones.

Si el plato principal está preparado a base de proteínas y
de lípidos (carne, pescado o charcutería), sería deseable
limitar el postre a productos lácteos, sin restringir la cantidad

Por desgracia, si el niño está en edad escolar, quizá tome su comida al mediodía fuera de casa y muy probablemente en un refectorio escolar. En ese caso los padres pierden el control de su alimentación. Pero si el niño no es «demasiado gordo», la situación no llega a ser dramática. Bastará con ajustar después la cena un poco.

Si el niño ya ha adquirido buenos hábitos, por ejemplo no comer pan o comer la fruta sólo en ayunas, podrá, por decirlo así, limitar los estragos.

La merienda

La merienda

Para todo el mundo en general y para los niños en particular, vale más aumentar el número de comidas que disminuirlo. La merienda, como el desayuno, será esencialmente glucídica.

Si se da pan, vale más que sea integral o hecho con harinas no refinadas. Se puede untar con margarina (evitar la mermelada).

Por último, se puede dar al niño una pastilla de chocotale, a condición de escoger un chocolate de buena calidad que posea un índice de cacao elevado (60% como mínimo).

La cena

La cena

En la cena del niño puede dominar o bien una carne, pescado o huevos, es decir, ser lipidoprótida, o bien un “buen” glucido que constituya por si solo un plato: lentejas, arroz integral, pastas integrales.

Pero sea cual sea la opción, el primer plato de la cena del niño deberla ser una espesa sopa de verduras (puerros, tomate, apio, etcétera).

Los niños, en general y por cuestión de gusto, no comen suficientes verduras que, sin embargo, constituyen, como usted sabe, fibras alimentarias indispensables para el buen funcionamiento intestinal. Así que el mejor medio para hacer que las consuman es darles una buena sopa de verduras que habremos tenido la precaución de pasar antes por la batidora.

Hay también una tercera categoría de platos que a los niños les conviene y que les entusiasma: son las verduras rellenas, como tomates, berenjenas, calabacines, alcachofas o coles.

Es una forma muy sencilla de guisar verduras que contienen fibras, lo cual permite ampliar las alternativas a las sempiternas pastas, arroces y patatas.

Con la cena, déle de postre al niño productos derivados de la leche que sean ligeros, hechos con leche descremada o semidescremada, como flanes naturales o al caramelo, que puede preparar usted misma reemplazando el azúcar por un edulcorante sintético.

En todo caso, hay un tipo de alimentación que le recomiendo excluya de las comidas de los niños en su casa: es el bocadillo, la hamburguesa y el frankfurt. No puede impedir que a su hijo le guste la hamburguesa, como le gustan las bebidas gaseosas hechas con extractos de frutas o con colas. Sin embargo, ésa no es razón suficiente para que las consuma en casa. Este tipo de alimentación está totalmente contraindicado para la salud de su hijo, porque incluye una cantidad demasiado importante de malos glúcidos asociados con la carne.

De modo que reserve este tipo de comida para las ocasiones en las que constituya un medio práctico de alimentar a sus hijos, como en caso de hallarse fuera de su domicilio. El Frankfurt y la hamburguesa se inventaron originalmente en Estado Unidos porque son un modo rápido de comer, sea en el lugar de trabajo cuando se realiza jornada continua, sea durante los desplazamientos largos, en un país tan inmenso como aquel.

Comer una hamburguesa en casa es aún más ridículo que utilizar saco de dormir en un lecho con dosel, ya que pone en peligro la salud. Evite, pues, caer por facilidad en este deplorable extremo, lo cual por desgracia es el caso de la mayoría de la gente en muchos de los países más civilizados, en los que algunos niños no saben siquiera lo que es una comida normal.

Por lo tanto, de vez en cuando puede llevar a sus hijos a un Mac Donald o a un Burger King si les divierte o, para ganar tiempo si usted está de viaje, pero siempre como caso excepcional. Evite remedar a los anglosajones en su práctica más nefasta.