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El Alcohol

El alcohol engorda. Esto es lo que usted piensa que se lo han dicho. A menudo se ha sentido culpable cuando le han insinuado que lodos los kilos que le sobran se deben al alcohol. No hacía falla darle más vueltas. Por nuestra parte, intentaremos aclarar este problema.

Es verdad que el alcohol engorda Pero mucho menos que el azúcar, el pan blanco, las patatas y el arroz. Por eso, una vez que haya perdido los kilos sobrantes, podrá volver al vino en cantidades razonables (aproximadamente media botella, o sea, unos tres vasos de vino al día).

El alcohol crea un aporte energético que el organismo utiliza de manera prioritaria: por tanto, el cuerpo no tenderá durante ese lapso a usar como carburante sus grasas de reserva. Este mecanismo bloquea el adelgazamiento. Pero ese proceso se produce sobre todo
cuando se está en ayunas. Si el estómago está lleno, especialmente de prótido-lípidos (carnes, pescados y quesos), el alcohol se metaboliza con mucha menos rapidez, combinándose con los alimentos y produciendo pocas grasas de reserva.

Lo que si es preciso abandonar en seguida son los aperitivos. Sí no puede dejar de acompañar a sus imitados, lome algo sin alcohol, un zumo de tomate o un agua mineral.

En mi opinión, el único aperitivo noble es una copa de buen cava. Pero, por favor, no acepte que le agreguen (la mayoría de las veces para disimular la calidad mediocre del cava) ningún jarabe de grosella ni otro brebaje extraño, que cada establecimiento intenta inventar para demostrar su originalidad.

Por consiguiente, si no puede evitarlo, acepte una copa de buen cava, o de champagne francés, pero sobre todo no lo beba en ayunas. Comience primero picando saladitos.

Aunque cuidado! Las pastas de los salad i los son glúcidos. Aprenderá muy rápidamente a reconocerlos.

Hay que proscribir en esta categoría: las patatas fritas, las galletitas saladas.

Son aceptables: las aceitunas, el queso, la charcutería (por ejemplo, el salchichón seco) e incluso el pescado.

Sin embargo, en la Fase I tendrá que intentar dejar el aperitivo de manera drástica. Es una fase rigurosa, en la cual las reglas básicas de mi método deben ser aplicadas radicalmente para que sean eficaces con vistas a la pérdida de peso.

Los edulcorantes sintéticos 180x180 - Los edulcorantes sintéticos

Los edulcorantes sintéticos

Existen cuatro tipos de principales de edulcorantes sintáticos. Todos, salvo los polioles, tienen la propiedad de carecer de poder energético alguno. No poseen ningún valor nutritivo.

1. Las sacarinas

Ha sido el edulcorante sintético más comercializado hasta la aparición del aspartamo. Son el más antiguo sustituto del azúcar. Fueron descubiertas en 1879. Algunas presentan la ventaja de ser muy estables en un medio ácido y de soportar temperaturas medias.

2. Los ciclamatos

Son mucho menos conocidos que las sacarinas, pese a que su descobrimiento data de 1937. Se sintetizan a partir del benceno, poseen un poder edulcorante inferior al de la sacarina y a veces se les achaca un regusto poco grato. Los ciclomatos presentan, sin embargo, la ventaja de ser completamente termoestables, es decir, que resisten las altas temperaturas. El más utilizado es el ciclamato de sodio, aunque también existe el de calcio y el del ácido ciclámico.

3. El aspartamo

Fue descubierto en 1965, en Chicago por James Schlatter, investigador de los Laboratorios Searle. El aspartamo es una asociación de dos aminoácidos naturales: el ácido aspártico y la fenilalanina.

4. Los polioles

Dentro de la gama de “falsos azúcares” han surgido también los polioles o edulcorantes de masa, que aportan el volumen complementario a la preparación de determiandos productos ya que los edulcorantes sólo endulzan a partir de algunos gramos de producto.

 

 

leche 180x180 - La leche

La leche

La leche es un alimento glúcido-lipidico, es decir, contiene tanto grasas como azúcares. Es mejor evitarla y no tomar más que leche descremada.

Los glúcidos se encuentran en el suero de la leche. Los pierde cuando se fabrica el pueso, que sólo conserva los lípidos y los prótidos (salvo el cantal y los quesos de cabra). En el queso con cero por ciento de materia grasa quedan únicamente los prótidos y un poco de glúcidos (5 g de cada 100).

Ingestión de un glúcido 180x180 - Ingestión de un glúcido

Ingestión de un glúcido

El pan es un glúcido cuyo almidón metabolizado en glucosa pasa directamente a la sangre. El organismo se halla así súbitamente en estado de hiperglicemia (aumento del  nivel de azúcar en la sangre).

El páncreas decide entonces secretor insulina. Esta secreción de insulina tiene dos objetivos:

1. fijar la glucosa en los tejidos del organismo, ya sea para crear una reserva de energía a corto plazo, utilizada para las necesidades vitales inmediatas del cuerpo (glicógeno), o para establecer un stock a más largo plazo, en forma de reserva de grasa.

2. hacer bajar el nivel de azúcar en la sangre (véase capítulo sobre la hipoglicemia).

cerveza 180x180 - La cerveza

La cerveza

Respecto de la cerveza no daré rodeos. Se trata de una bebida que hay que tomar con moderación.

De la misma manera que usted conoce gente delgada que se atiborra de malos glúcidos sin aumentar un gramo,
deberá también conocer grandes bebedores de cerveza
cuya barriga es tan magra como la jubilación de los ancianos (es el caso de la mujer de uno de mis mejores amigos).

La cerveza tiene todo lo que es perjudicial: alcohol (en verdad, en pequeño porcentaje), gas, pero sobre todo una cantidad no despreciable de azúcar. Es pues una bebida de alto poder energético en lo que se refiere a la constitución de grasas de reserva. Por Lanío, deberá abandonar la cerveza en la mayoría de los casos. Sobre todo, entre las comidas. Si de verdad no puede resistir, haga como con
las patatas fritas. Dése el gusto una o dos veces al año bebiendo unas jarras de ese brebaje en uno de los mejores pubs de su ciudad. Asegúrese, si, de que sea de buena calidad.

 

El azúcar 180x180 - El azúcar

El azúcar

Es la campeona absoluta de los glúcidos malos.

El azúcar debería ir siempre acompañada del símbolo de la calavera entre dos huesos cruzados. Pues es un producto que puede resultar peligroso cuando el consumo es importante, y tal es el caso, por desgrana de la mayoría de nuestros contemporáneos, en particular de los niños.

Le he consagrado un capitulo completo porque es preciso que usted se convenza para siempre de su nefasto papel en la alimentación, y de las consecuencias que tiene su ingestión no sólo en cuanto a los kilos que le sobran sino, sobre todo, en cuanto a la fatiga (ver capítulo sobre la hipoglicemia), la diabetes, las enfermedades articulares, la gastritis, las úlceras, la caries dental y las enfermedades coronarias.

Tal vez piense usted que el azúcar es indispensable.
Pues no, no es indispensable. La prueba es que durante
millones de años el hombre no contó con ella, sin perjuicio alguno para su salud. Muy por el contrario.

El azúcar, hace menos de dos siglos era todavía un producto de lujo, poco accesible para la mayoría de la población. Hoy el azúcar produce tantos estragos como el alcohol y la droga juntos.

Pero entonces, usted se preguntara: si se suprime totalmente el azúcar. ¿cómo mantendremos la tasa mínima indispensable en la sangre?

¡Buena pregunta!

Sepa entonces que el organismo no tiene por qué depender de aportaciones externas de azúcar (que son las que perturban el nivel glicémico) ya que sabe producirla por sí mismo cuando la necesita: además, es ésta la forma de obtenerla más conveniente para él. La glucosa es, de hecho, el único carburante del organismo.

A medida que el organismo determina sus necesidades de azúcar, ésta es producida directamente a partir de las grasas de reseña. Sencillamente las grasas se transforman en glucosa.

De manera que ¡no consuma azúcar!

Elija: puede usted prescindirse ella -en cuyo caso lo felicito- o deberá reemplazarla por un edulcorante sintético.