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Comer la fruta en ayunas 180x180 - Comer la fruta en ayunas

Comer la fruta en ayunas

La fruta es excelente para su salud, con una sola condición: que no se mezcle con nada más.

Va le he explicado que si la fruta -por regla general, acida- se mezcla con el almidón (pan, arroz, patata, etcétera) o incluso con la carne, provoca senos trastornos digestivos.

Sin embargo, que uno padezca trastornos digestivos no significa que sea consciente de ello. Algunas personas poseen una sensibilidad muy grande y advierten, sin lugar a dudas, cuando una cosa les está contraindicada, porque las manifestaciones exteriores se presentan con violencia (colitis, crisis- hepáticas, diarrea).

En cambio, en la mayor parte de los individuos la manifestación negativa no se revela de inmediato a través de síntomas insoportables, porque el organismo tiene una buena resistencia y establece medios de compensación.

No obstante, eso no quiere decir que no se produzca un efecto negativo en alguna parte. El daño se hace en profundidad y un día emergerá bajo la forma de un síntoma concreto.

Algunas personas experimentan insoportables efectos de hinchazón cuando comen fruta después de las comidas. Como es natural, unas manifestaciones tan evidentes las llevaran a suprimir por si mismas dicha práctica. Si no ha sido ése su coso, no hay razón para que rompa
con un hábito alimentario que cree bien fundado.

Sin embargo, si hoy tiene barriga, sepa que una de las causas probables de esta hinchazón anormal es el uso que tace de las frutas después de las comida. Como le he explicado en el capítulo sobre la digestión, la metabolización de la fruta es muy rápida, lo cual quiere decir que es digerida en pocos instantes.

Así pues, tras ser ingerida, la fruía permanece un lapso en tiempo muy corto en el intestino delgado, donde se produce su asimilación. Es allí, sobre todo, donde se transmiten al organismo las vitaminas que contiene.

Como comprenderá usted, si come una fruta al final de la comida, su metabolización se detiene, ya que en cierto modo se verá obligada a hacer cola para llegar a su última napa en el intestino delgado.

El problema estriba en que la fruta es impaciente por naturaleza, no puede aceptar con tranquilidad el verse aprisionada en un embotellamiento digestivo. Y en lugar ir esperar su tumo por las buenas se dedica a ejercer de agitadora y a provocar un gran alboroto.

En primer lugar empieza por afectar, incluso destruir, el medio enzimático necesario y a menudo indispensable para una buena digestión (es decir, una buena progresión en el circuito digestivo) de los alimentos que se hallan en gestación provisional en el estómago. Se sabe que la acidez de la fruta destruye la tialina, una enzima indispensable para metabolizar los almidones. También se sabe que
actúa sobre los jugos digestivos y afecta la producción de
pepsina, una enzima indispensable a su vez para metabolirar la carne.

De modo que todo el contenido del estómago se encuentra de pronto completamente perturbado por la llegada intempestiva de la fruta. Y este trastorno se traduce en una disminución general del proceso digestivo, cuyos efectos son los siguientes:

  • los almidones y las carnes no se digieren lo suficiente en el estómago. Por lo tanto, su transformación química este estadio es asimismo insuficiente y contribuye a perturbar la continuación del proceso digestivo.
  • la fruta que, por naturaleza, debe atravesar el estómago muy deprisa, queda prisionera de él debido a la presencia de otros alimentos de progresión digestiva lenta.
  • Y en esta atmósfera húmeda y cálida, la fruía se metamorfosea. Entre oirás cosas, empieza a fermentar, ya que contiene fructosa y esta se transforma rápidamente en alcohol.

Se citan casos de grandes consumidores de fruta que fueron víctimas de cirrosis, cuando nunca en su vida habían bebido ni una gota de alcohol. Ahora comprenden por qué.

Pero, de hecho, las mayores dificultades se producen en el intestino delgado. Porque la «mercancía» que ha entregado el estómago no se ajusta a las obligaciones adquiridas, y con razón. El almidón o la carne no se ha digerido lo suficiente en el estómago, y la fruta, que ha sufrido una metamorfosis total debido a la fermentación, ha perdido
todas sus vitaminas.

El intestino delgado, al recibir todas estas mercancías improcedentes, pierde un poco la cabera.

Primero intenta esforzarse al máximo y reparar los estragos. Para ello, le tienta la idea de poner en marcha procedimientos excepcionales de metabolización, que presentan el inconveniente de retrasar otra vez el proceso digestivo.

A su vez el almidón, que se ha convertido en glucosa, empieza a fermentar, lo cual altera el conjunto de la digestión.

El intestino delgado, perturbado, se irrita y se hincha.

Y la repetición demasiado frecuente de estas anomalía hace que el abdomen de las mujeres, dada su sensibilidad, se manifieste progresivamente como prominencia.

Como hemos visto en el capítulo sobre la digestión, los trastornos del proceso digestivo acarrean un trabajo anormal del intestino grueso, ya que los residuos que se envían no se han digerido por completo. Así que también el intestino grueso debe poner en marcha procedimientos excepcionales con el objetivo primordial de destruir residuos aliméntanos por fermentación y putrefacción
según su naturaleza.

Recurrir demasiado a menudo, incluso permanentemente, a estos procedimientos digestivos excepcional conduce a una perturbación constante del intestino grueso, cuyo funcionamiento se ve continuamente desestabilizado con relación a la norma. Sin ir más lejos, esto es causa de úlceras, colitis, gastritis, estreñimiento, celulitis y cáncer de colon. Una de las manifestaciones más evidentes de estos trastornos es, en todo caso, el aumento de volumen del abdomen por hinchazón permanente.

sales minerales 180x180 - Los oligoelementos y sales minerales

Los oligoelementos y sales minerales

El organismo humano es un escenario permanente de múltiples reacciones químicas. Sin embargo, las distintas reacciones no tendrían lugar sin la presencia de sales minerales y oligoelementos que inciden indirectamente en el funcionamiento de las enzimas.

Sin sodio y potasio, por ejemplo, no podría producirse la transmisión de impulsos nerviosos. No habría actividad muscular sin calcio ni hormonas tiroideas sin yodo. Del mismo modo, tampoco habría oxidación sanguínea en ausencia de hierro m adecuada asimilación de la glucosa sin cromo.

Entre estos micronutrientes distinguimos:

  • Las sales minerales, como el calcio, el fósforo, el potasio, el sodio, el azufre.
  • Los oligoelementos, como el cromo, el cobalto, el zinc, el cobre, el setenio, etc., que actúan a concentraciones infinitesimales.
  • La carencia de sales minerales y de oligoelementos pueden ser causa de problemas. En efecto, se sabe que:
  • Un déficit en manganeso favorece la hiperglicemia.
  • Un déficit en níquel, cromo o zinc eterniza la insulinorresistencia.

Hay quienes podrían creer que un déficit en micronutrientes, en asociación con malos hábitos alimentarios, podría compensarse fácilmente con un suplemento en forma de comprimidos o de ampollas. Sin embargo, hay  que saber que estos producios sintéticos, aun cuando pueden servir de ayuda en casos de carencia grave, son mal absorbidos en el nivel intestina).

Conviene, pues, buscarse en una alimentación normal y variada las cantidades de sales minerales y de oligoelementos que el organismo necesita.

Por esta razón hay que estimular el consumo de frutas, le-
gumbres, verduras crudas, leguminosas y cereales enteros

El único suplemento que se puede alentar es el que consiste en el consumo cotidiano de levadura de cerveza y germenes de trigo, nutrientes de los que nuestra alimentación moderna carece en gran medida.

Además, la levadura de cerveza es rica en cromo, lo cual contribuye a mejorar la tolerancia a la glucosa y, en consecuencia, produce un descenso de glicemia y de la insulinemia.