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Los alimentos peligrosos

El pan

pan

El niño, como el adulto, no decena comer pan blanco, es decir, pan ordinario fabricado con harinas refinadas. Además, ya he precisado que las sales minerales, y en particular el magnesio, desaparecen con el refinado.

El refinado destruye también la vitamina B. Ahora bien, sabemos que dicha vitamina es indispensable para la metabolización de los glúcidos. Así que una carencia de vitamina B implica un riesgo de trastornos digestivos y de cansancio suplementario.

Contrariamente a la opinión de algunos, el pan completo o integral no es “descalcificante”, incluso aunque
carezca de levadura. Su aporte de sales minerales es abundante y, en el niño, suele acompañarse de una alimentación rica en lácteos, es decir, en calcio.

Las féculas

féculas

Si el niño tiene una corpulencia normal, lo que en principio quema decir que présenla buena tolerancia a los glúcidos, no hay razón para privarlo totalmente de féculas. Pero eso no quiere decir que las féculas tengan que convertirse en la base de su alimentación, como sucede con demasiada frecuencia.

El recurso sistemático a los malos glúcidos y principalmente a las patatas, al arroz y a las pastas, es consecuencia la mayor parte de las veces de una falta de imaginación, En realidad, se puede variar tranquilamente los platos sin que eso suponga gastar de más. Es absolutamente necesario enseñar a los niños a comer otra cosa aparte de las féculas. Porque aunque en apariencia las toleran bien a esta edad, puede que ya no sea ése el caso cuando su período de crecimiento haya terminado. Así que hay que hacerles apreciar desde muy pronto cosas diferentes y en especial todas las demás verduras de las que ya hemos hablado.

Por lo que respecta a las pastas, serla deseable que estuvieran hechas con harina no refinada, pero casi no se encuentran en el mercado. De modo que hay que intentar no utilizarlas demasiado a menudo porque, como sucede con el pan, se puede llegar a provocar un déficit de vitamina B.

Como sabe, el arroz integral con tomate constituye un plato por sí solo. Cuando dé féculas a sus niños procure evitar, en lo posible, darles carne al mismo tiempo. Será fácil con las pastas y el arroz, pero más difícil con las patatas.

Por último, sepa que ciertas féculas son buenos glúcidos. Es el caso de las lentejas y las judías. No dude en servirlas a sus niño habitualmente.

La fruta

fruta

El organismo de los niños posee recursos que el del adulto ha perdido desde hace tiempo. Así que metaboliza las mezclas alimentarias que incluyen frutas sin demasiados problemas importantes.

De modo que en la alimentación para niños se puede mantener ocasionalmente el consumo de una fruta después de la comida.

No obstante, en cuanto se constate cierta fragilidad en
el plano digestivo (hinchazón, dolor de barriga, gases) será preferible suprimir la fruta durante la comida. Así que la fruta, como en el adulto, se consumirá en ayunas y principalmente por la mañana al despertarse, por la noche al acostarse, o bien a la hora de la merienda, a condición de que no se consuma otra cosa.

Las bebidas

bebidas

El agua es y seguirá siendo la única bebida que conviene al niño. Todo lo que se parezca, aun remotamente, a bebidas gaseosas, jugos de frutas industriales, limonadas o colas, debe suprimirse por completo. Son verdaderos venenos para el niño.

De forma excepcional, con motivo de un cumpleaños o una fiesta familiar, puede dejar que su hijo beba algunos vasos, pero ha de tener muy claro que es tan malo para él como si bebiera alcohol. En lo que respecta a las bebidas con cola puede decirse incluso que es, sin discusión, mucho peor para el niño que si bebiera alcohol.

Los jarabes diluidos en agua son también desaconsejables, ya que contienen una concentración de azúcar demasiado elevada. De mudo que habitúan al niño al gusto azucarado y 1c crean una verdadera dependencia.

En cuanto a la leche, es desaconsejable durante las comidas. Hemos visto en el capítulo de la digestión que beber leche mientras se come es un error, ya que la leche se coagula en grumos en el estómago. Luego estos grumos envuelven las panículas de alimentos y las aislan de los jugos gástricos. De modo que beber leche mientras se come supone trastornos digestivos asegurados.

Sin embargo, los niños pueden beber leche durante el día. Pero vale más verificar que lo hacen en ayunas.

El problema es distinto durante el desayuno, ya que la leche caliente es mucho más digestiva, con lo cual los fenómenos mencionados más arriba ya no se manifiestan de la misma forma.

El azúcar y las golosinas

El azúcar y las golosinas

No llegare al extremo de proscribir del todo el azúcar a los niños aunque, sin duda alguna, sería lo más razonable. Sin embargo, recomiendo un gran rigor en su consumo.

Aparte del azúcar que ponen en su desayuno, en el queso batido o en el yogur, o del que contienen los postres (dulces, pásteles, helados), lo cual ya es mucho, no deje que los niños coman azúcar en ninguna de sus formas.

De modo que hay que prohibir toda golosina, caramelo, jalea, «barra de caramelo recubierta de chocolate y otras cosas por el estilo (estas últimas contienen cerca del 80 % de azúcar).

Por otra parte, es importante acostumbrar a los jóvenes a no hacerse dependientes del gusto azucarado. Es necesario para su salud inmediata e indispensable para su salud futura. No obstante, se que es difícil forzar a los niños a comportarse como consumidores marginales cuando viven en un entorno que les tienta de continuo. Pero no es razón suficiente para abdicar declarando que no se puede hacer nada.

En todo caso, se puede al menos establecer un control riguroso en casa y sobre todo hacer que los niños no se acostumbren al gusto del azúcar desde su más tierna edad, para evitar que a la larga se conviertan en esclavos del mismo. Por ello se recomienda (contra la opinión de algunos médicos) no dar agua azucarada a los bebés. Se les puede acostumbrar perfectamente a beber agua pura. En caso de que sus niños reciban regalos en forma de golosinas (bolsas de bombones, de caramelos, etcétera), arrégleselas para hacerlos desaparecer en cuanto pueda.

Por otro lado, aun cuando el consumo de golosinas tea modesto, hay que prohibir categóricamente su ingestión antes de la comida. El azúcar, en este caso, quita el apetito y contribuye además a perturbar la metabolización de la poca comida que se haya podido ingerir a pesar de todo.

Por último hay que volver a recordar que el consumo de azúcar provoca un déficit en vitamina B. Dicha vitamina, como ya hemos subrayado, es indispensable para la metabolización de los glúcidos. Una carencia de vitamina B obliga por tanto al organismo a recurrir a sus reservas, lo cual crea un déficit cuyas consecuencias son cansancio, dificultad de concentración, de atención, de memoria, incluso cierta forma de depresión. Es evidente, pues, que el trabajo escotar del niño puede resentirse seriamente por ello.

Ingestión de un glúcido y un lípido 180x180 - Ingestión de un glúcido y un lípido

Ingestión de un glúcido y un lípido

Por ejemplo, la de una rebanada de pan con mantequilla.

En lo que concierne al fenómeno metabólico, no encontramos ante un proceso idéntico al descrito antes.

El glúcido es transformado en glucosa; el nivel de azúcar en la sangre aumenta; el páncreas secreta insulina.

En cambio, la diferencia fundamental es que, en este caso, el lípido se encuentra en la sangre transformado en ácido graso.

Si el páncreas está en perfecto estado, la dosis de insulina que secrete estará en relación directa con la cantidad de glucosa a tratar. Si en cambio el páncreas es defectuoso, la cantidad de insulina que libere será superior a la necesaria para tratar la glucosa.

De este modo una parte de la energía del lípido será almacenada como grasas de reserva. Creo que usted tiene ya claro, por tanto, que es el estado del páncreas el que establece la diferencia entre el individuo con  tendencia  a la obesidad -propenso al hiperinsulinismo-, y aquel que puede permitirse comer cualquier cosa sin peligro de engordar.