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La insulina

Como el proceso de producción o de no producción de grasas de reserva está directamente relacionado con la secreción de insulina, es necesario comenzar diciendo algunas palabras sobre esta hormona. La insulina es una hormonal secretada por el páncreas, cuyo papel es vital en el metabolismo. Tiene por función actuar sobre la glucosa
(es decir, sobre el azúcar) contenida en la sangre de forma que penetre en los tejidos del organismo. En este estadio, la glucosa es utilizada para satisfacer las necesidades energéticas inmediatas del cuerpo o, si existe en cantidad imponente, para acopiar reservas de grasas.

A continuación enunciamos diversas hipótesis para determinar en qué condiciones, con qué tipo de alimentación y en qué proporción se lleva a cabo el acopio de reservas de grasas.

 

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Ingestión de lípidos solos

Por ejemplo, la de un trozo de queso solo.

El metabolismo de un lípido solo no tiene ningún efecto glicémico, es decir, no produce ninguna liberación de glucosa en la sangre y, por consiguiente, el páncreas no secreta insulina.

En ausencia de insulina, no se produce entonces almacenamiento de energía.

Sin embargo, esto no quiere decir que comer queso no sirva para nada. Durante el proceso de digestión del queso, el organismo saca del alimento digerido todas las substancias que necesita, especialmente las vitaminas, los ácidos grasos esenciales y las sales minerales (el calcio de los productos lácteos).

Esta descripción es deliberadamente esquemática y, aunque me ha sido dada por eminentes científicos, puede hacer sonreír u algunos debido a su simplicidad. La realidad, va lo supondrá usted, es algo más complicada.

No obstante, describe lo esencial del fenómeno que nos interesa, es decir, lo que es preciso saber para comprender las reglas fundamentales de las que nos serviremos.

Pero si bien este capítulo es, a mi entender, el más importante de todos ya que define el proceso básico de la constitución de las grasas de reserva, es insuficiente para que usted pueda comprender por qué, si sigue comiendo de forma totalmente normal pero diferente, puede, en una primera fase, perder todos los kilos superfluos y, en una
segunda fase, mantener el peso en un nivel ideal.

Nota: El páncreas es, por así decirlo, el director de orquesia del metabolismo. Si está en buen estado, cumplirá de forma normal su función, que consiste en hacer disminuir la glicemia mediante la secreción de la dosis de insulina conveniente. Si está en mal estado, es decir, si produce hiperinsulismo, tendrá tendencia a provocar un almacenamiento anormal de ácidos grasos como grasas de reserva. Por consiguiente es el páncreas, a través de su función insulínica, el responsable de los kilos de más.

Como veremos más adelante, una alimentación hiperglucidica comporta a largo plazo una disfunción pancreática.

Ingestión de un glúcido y un lípido 180x180 - Ingestión de un glúcido y un lípido

Ingestión de un glúcido y un lípido

Por ejemplo, la de una rebanada de pan con mantequilla.

En lo que concierne al fenómeno metabólico, no encontramos ante un proceso idéntico al descrito antes.

El glúcido es transformado en glucosa; el nivel de azúcar en la sangre aumenta; el páncreas secreta insulina.

En cambio, la diferencia fundamental es que, en este caso, el lípido se encuentra en la sangre transformado en ácido graso.

Si el páncreas está en perfecto estado, la dosis de insulina que secrete estará en relación directa con la cantidad de glucosa a tratar. Si en cambio el páncreas es defectuoso, la cantidad de insulina que libere será superior a la necesaria para tratar la glucosa.

De este modo una parte de la energía del lípido será almacenada como grasas de reserva. Creo que usted tiene ya claro, por tanto, que es el estado del páncreas el que establece la diferencia entre el individuo con  tendencia  a la obesidad -propenso al hiperinsulinismo-, y aquel que puede permitirse comer cualquier cosa sin peligro de engordar.